
Hoy quería dedicar unas pocas palabras al nuevo estreno televisivo en horario Prime Time que hizo Antena 3 ayer noche, y que consiguió un 21,6% del share. Eso es una barbaridad.
No voy a decir que yo no lo vi, porque lo vi. Pero en todas partes leo que ha tenido un estreno "sobresaliente". Aunque con "sobresaliente" se refiere a la audiencia que ha conseguido en su primera emisión. Pero ya se sabe que... cantidad no es lo mismo que calidad (aunque no siempre sea así, pero parece que en televisión es lo único que cuenta, al menos en la pública).
Naturalmente, los concursantes son mayores de edad (10 chicas y 10 chicos) a los que internan durante un periodo de tiempo. Les visten con un uniforme para guardar una cierta estética y monocromía de la época. No voy a entrar en los detalles escabrosos que pudimos ver -los que lo vimos- de cuando les cortaban el pelo o tenían que quitarles los piercings. Quiero incidir en la elección de los muchachos concursantes.
Obviamente, se ha hecho un cásting exhaustivo de jóvenes en toda España que pudieran dar juego. ¡No iban a coger a jóvenes obedientes para trasladarles 40 años atrás! Pero, y es aquí donde incido: no dejó de llamarme la atención que todos, todos, absolutamente TODOS los concursantes procedían claramente -quedaba confirmado al ver a los padres- de entornos socioeconómicos medio-bajos.
La forma de expresarse, de gesticular... dan mucho más juego a un reality. ¿Os imagináis Gran Hermano protagonizado por personas educadas? Y no se me malinterprete: no quiero con esto decir que gente de procedencias socioeconómicas media-baja carezcan de educación, en absoluto. La gente de las clases más altas puede ser absolutamente desagradable. Hay de todo en este mundo.
Sin embargo, a lo que me refiero es que Antena 3 escogió estereotipos que perviven en las mentes de todos, de asociar la falta de educación y la falta de cultura a las clases bajas. Estos muchachos están siendo utilizados para representar una cierta realidad: la que los dirigentes de la cadena Antena 3 quieren mostrar.
Justo después de finalizar el espacio, se emitió otro espacio que incitaba al espectador a reflexionar. El presentador hizo la siguiente pregunta: "¿Están nuestros jóvenes siendo bien educados?".
Señor, si todos los jóvenes fueran como los que acaba de mostrar Curso del 63, deberíamos empezar a preocuparnos, y mucho. Pero Antena 3 estaba mostrando una realidad filtrada como a ella le convenía: mensajes alarmistas y pesimistas sobre la juventud, con argumentos baratos. "Se echa a perder", "pierde las formas"... Obviamente, estos jóvenes que nos han presentado SÍ, cumplen exactamente este estándar. Pero porque ustedes los han elegido. Han elegido a propósito estudiantes que a los 18 años ya no recuerden la tabla del 2 y que apenas sepan situar Madrid en un mapa.
En definitiva: Curso del 63 está tratando de mostrarnos una realidad que a ellos les conviene, concordando con la línea editorial de la cadena. De paso generan polémica, haciendo creer a toda España que la juventud se echa a perder, y gana espectadores escogiendo concursantes que gustan al grueso del público espectador de la televisión pública: la que no puede permitirse pasar a la televisión de pago, la de la misma clase socioeconómica que los concursantes, que se ven identificados en ellos. Por eso ha tenido tales cifras de share.
Bueno, por eso, o por pecar de pura curiosidad. Si es que al final las televisiones se salen con la suya...
Más información | El País
miércoles, 7 de octubre de 2009
Curso del 63... ¿todo un éxito? Le hace a uno pensar
Etiquetas: Antena 3, Curso del 63, Televisión, Televisión pública
Publicado por Leopoldo Cano en 7:23:00 p. m. 0 comentarios
jueves, 1 de octubre de 2009
Los estudiantes están cambiando... ¿y la educación?

Me permito empezar este artículo con un título que sin duda a muchos os recordará al que puso Manuel Raigada en uno de sus artículos también: "Los estudiantes han cambiado, ¿cuánto tardará en hacerlo la educación?". Lo cierto es que este título me parece un título excelente, con tirón, capta la atención, e incita a ver el vídeo que lo acompaña.
Pero me atrevo a disentir en un aspecto del título, Manuel. Los estudiantes han cambiado, es cierto. Pero no es que hayan cambiado y YA, se hayan quedado varados en la sociedad del siglo XXI. Sino que siguen cambiando. Por eso he decidido titular así este artículo. Porque ¿con respecto a cuándo han cambiado? Es obvio que han cambiado con respecto a hace 20, 50 ó 10 años, si me apuras. Y lo estudiantes del siglo XIX también habrían cambiado probablemente con respecto a los estudiantes de los tiempos de Aristóteles. Lo que quiero decir es que efectivamente: han cambiado, pero aún siguen cambiando.
Lo que ocurre en la educación en el siglo XXI es que nunca antes se habían dado tantos cambios en profundos pilares básicos de la sociedad: económicos, culturales, sociales, morales... Los niños y adolescentes, como esponjas absorbentes que son de todo el medio que les rodea, no hacen sino reflejar esos cambios.
Os puedo hacer constar una experiencia que he vivido de cerca: conozco una persona que trabaja en una empresa de publicidad en Internet. A esta persona, una niña de 6 años le preguntó: "¿En qué trabajas?" La joven le respondió lo que os acabo de mencionar.
Obviamente la niña se quedó a cuadros. Y hale, a explicarle a la niña que qué era una empresa (me imagino que con palabras que la niña entendiera, claro, porque si no menudo tostón...), qué era la publicidad (los anuncios que veía en la tele, etc. etc.). La niña, según me dijo esta persona, parecía ir comprendiendo. Por último, la joven le preguntó a la niña si sabía lo que era Internet. ¡A lo que la niña respondió que sí! ¡Con sólo 6 años! Y según me dijo, lo respondió con toda la naturalidad del mundo, como si le preguntas a un niño si sabe lo que es un chupete.
Lo que quiero decir, es que nos encontramos en tiempos en los que todo va a unas velocidades revolucionadas, sin que apenas nos dé tiempo a digerir toda la información que se nos bombardea -y sí, que también se bombardea a niños y adolescentes-. No se habla por hablar cuando se dice que estamos en la Sociedad de la Información.
Los niños reciben mensajes, desde que nacen, de todas partes. No me extrañaría que en estos momentos el Homo Sapiens se encuentre en una etapa evolutiva de su capacidad de conocimiento sin ni siquiera saberlo.
Nuestros abuelos apenas podían hacer dos cosas a la vez. Casi ni siquiera nosotros. Es pasmoso y a la vez fascinante la velocidad a la que la gente de 25 años para abajo puede concentrarse en más de dos cosas a la vez. Los niños, hoy por hoy, se acostumbran a crecer estimulados por todos los rincones (esto podría derivar en que hablásemos de los problemas de educación, niños con TDA o hiperactividad, etc., pero lo reservaremos para otro artículo). Crecen siendo pequeños seres multitarea, que aprenden a hacer muchas cosas a la vez. Es habitual ver a nuestros hijos escribiendo al ordenador y a la vez hablando por el móvil con sus amigos.
Se acostumbran a ser multitarea, como consecuencia del estrés y de la velocidad de las sociedades occidentales, como consecuencia de la falta de tiempo, como consecuencia del bombardeo constante de informaciones y el recordatorio constante del tiempo que pasa... y que deben aprovechar. Y no sólo crecen en la Sociedad de la Información, sino que también crecen en la Sociedad de la Inmediatez.
Las posibilidades comunicativas que se abren a nuestros hijos son infinitas. Pueden hablar en tiempo real con un amigo que hayan hecho en Estados Unidos en un intercambio... sin que ello les cueste (a sus padres) más que la inscripción a Internet.
Estas posibilidades comunicativas son sin duda para ciertos aspectos grandes ventajas. En el vídeo del artículo de Manuel Raigada se afirma que en el siglo XXI se llevan a cabo métodos educativos propios del siglo XIX (sin contar el castigo corporal, claro está). No podría estar más de acuerdo. En un siglo en el que la inmediatez aparece como una de las palabras clave para los próximos 100 años (algo que jamás había ocurrido, excepto en el lenguaje oral), los niños experimentan esa inmediatez. Nosotros -padres, educadores y responsables institucionales- no sabemos verlo. Y parece que se nos van antes.
No lo parece, se nos van. A los 10 años en algunos colegios ya les enseñan a poner preservativos a plátanos. Si las primeras relaciones sexuales se estiman ya en los 14 años en España, no está de más que lleguen preparados. A los 13 años muchos niños ya se emborrachan casi cada fin de semana. Se trata de una pérdida de inocencia precoz, que nunca se había dado en las sociedades occidentales. Buscar el por qué es adentrarnos en motivos sociológicos, económicos... La parte de la facilidad de acceso a la comunicación tiene sin duda su parte de responsabilidad. Los niños conocen con 10 años temas que diez años atrás se conocían con 16.
Decidir si este cambio favorece o perjudica a la juventud es algo que no queremos discutir en este artículo: creemos que se trata de algo muy personal. Sencillamente es un cambio en nuestros niños y nuestros adolescentes. Un cambio que está ahí y que no se puede, ni se debe ignorar. Ignorar que nuestros hijos están expuestos a niveles de información inusitados hasta ahora sería como hacernos un harakiri.
Es primordial que compartamos con ellos, y sepamos sin invadir su intimidad -ya que es más fácil que nunca que sin que nos demos cuenta sean influenciados por otras opiniones- qué es lo que descubren, lo que aprenden, lo que pasa por sus mentes. Antes de que sea demasiado tarde. ¡Nuestros hijos, todos, tienen ganas de comunicarse!
Recordemos que el fenómeno de Facebook, así como el propio Internet, nacieron los dos como proyectos universitarios. Sea como sea, parece que desde siempre, las ansias comunicativas acompañan a la gente joven. Ellos quieren hablar, quieren escuchar oír, quieren absorber, quieren hacerse oír. Escuchémosles, y hallaremos el camino de cambio a la educación.
Más información | Blog de Manuel Raigada
Etiquetas: Adolescentes, Niños, Sociedad de la Información, Sociedad de la Inmediatez
Publicado por Leopoldo Cano en 2:59:00 p. m. 0 comentarios